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domingo, 16 de mayo de 2010

Pasiones


Oh sí, esos locos sentimientos que pasan por nuestras vidas, querámoslo o no.
Son sentires tan potentes que es una barbaridad reprimirlos, hay que vivirlos.
La pasión del amor: nada de que no es amor, el amor de pareja si no es pasión no es amor.
Entonces sí, la pasión del amor se conjuga con los deseos del cuerpo, pero también con los de los sentimientos. A veces no se cree en el amor y no es por nada, no es por uno, no es porque si.
La dulzura de las palabras, de los besos, de las caricias, contra el dolor de los sueños rotos, de las mentiras y las ilusiones desechas.
El sexo en la pasión del amor: ¿Por qué hablar de sexo?, porque el sexo es un respiro de las sensaciones más profundas del cuerpo y del pensamiento, es una purificación del cuerpo, es la voluntad echada al revés, es la contradicción de todo lo establecido en la sociedad de los cientos de años y sobre todo porque está prohibido en las conciencias de los más pecaminosos, oh perdón, de los mojigatos, de los religiosos. Porque creo que la religión y Dios son una construcción social, un escape de la estupidez humana, tan presente en cada sociedad en cada ser (aunque un amigo dijo que son más religiosos los que hablan o escriben de religión que los que la practican…).
Por la pasión han caído reinos, han sucumbido emperadores, ha habido guerras, pero también ha habido mucha vida.
La pasión tiene que ver con la vida, sí, con la vida, tiene que ver con el sentir y el pensar, con el ser y el hacer.
La represión de los sentimientos queda patente cuando se vuelven a soltar. Cuántas cosas se dejan de hacer por no tener la pasión a flor de piel, reprimida. Cuando aparece mueve algo dentro, quizá sólo la esperanza primero, ¡Qué bien que pasa!, hay que permitirle que pase, despertar esas pasiones reprimidas por no volver a sentir, no molestarse en sentir.

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