domingo, 13 de junio de 2010

¿Desde dónde hablas? (5)


Desde la locura de los hombres, de la boheme francesa que se retira todas las noches entre copas y queso, desde el suculento mundo falocéntrico que engalana las historias de caballeros tan machos que hasta resultan tentadores:

- ¿Qué haces en Francia?
- Estoy buscando a un caballero
- Ah ¿sí?, de quién se trata,
- Bueno es un antiguo caballero francés que se ha convertido en mi príncipe azul, o lo que es lo mismo en el único hombre digno…
- ¿De una princesa?
- No, de una dama – respondió Paula –.
- Vaya. Y cuál es su nombre, si se pude saber
- Claro. D’Artagnan
- Oh, como el de nuestro Dumas –dijo aquel guapo caballero con una amplia sonrisa en su rostro, más de diversión que de burla.
- Sí, como el de vuestro Dumas
- Ah, ¿y que hace?
- Bueno, es un caballero, ¿no lo sabes?
- Bueno, si somos sinceros D’Artagnan es… un personaje que según cuenta la historia (de Dumas, claro), vivió en el siglo XVII
- Ah, pequeñeces
- ¿Pequeñeces?
- Claro, debe existir todavía en este mundo del siglo XXI un caballero que le iguale en astucia, en sagacidad, en inteligencia, en valentía, en aventura, en lealtad y por lo tanto en amor, o lo que es mucho mejor, en pasión, un aventurero, socarrón y diestro caballero pues, que bien le acompañaría…
- ¿y por qué venir tan lejos a buscarle?
- Pues porque es francés, y si no existe en Francia, pues tendré que partir a otro ensoñador país de caballeros valientes y gentiles. Pero empezaré por aquí.
- Vaya
- Otra vez
- ¿Otra vez qué?
- Otra vez dices vaya


- ¿Te hubiera gustado ser una reina?
- ¡No!, Dios me libre, claro que no, que aburrido, me hubiera gustado ser una cortesana, condesa, duquesa, alguna cosa de esas y eso sí, ser confidente de una reina, (nunca una aburrida esposa) enterarme de todas las intrigas y amoríos, rencillas, todo eso que me diera una vida aventurera y divertida
- Wow, estás aburrida
- Bueno un poco, pero por ahora me conformo con mi D’Artagnan
- Sólo que veo un problema
- ¿cuál?
- En Francia ya no tenemos mosqueteros que cuiden a ningún rey, porque ya no tenemos rey, ni cortesanos que le hagan la corte, ah, y por supuesto ya no se usa la espada
- Faltaba más, siempre hay buenos sustitutos

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