martes, 10 de mayo de 2011

Secuestrada


Humo de cigarrillo, dos botellas de cerveza vacías en el suelo y una llena en su mano, la veía y disfrutaba de su obra, ahí en el suelo, semidesnuda, golpeada, sangrada, era para él el deleite, su obra maestra. La había disfrutado así, le causaba gran placer escucharla llorar, gritar, tenía más de una semana poseyéndola a la hora que se le antojara, haciendo lo que quería con ella, a fin de cuentas era suya hasta que a él le diera la gana.

Humo de cigarrillo en su cara, respirándolo todo el tiempo, su asqueroso olor a cerveza, su fétido aliento, violada todos los días, a la hora maldita que él quería, si sólo hubiera escuchado sus gritos, sus palabras lo que ella le decía a viva voz para que él la escuchara.

Ella clamaba por el ser humano que debía haber en él, pero no estaba ahí, su parte humana se había adormecido con el abandono y luego desapareció, con la falta de amor en su niñez, en su adolescencia, no tuvo quién le enseñara a amar, no hubo alguien que le enseñara su parte humana, era un maldito animal.

Ella no entendía por qué la trataba así, por qué escupía su cara y la golpeaba y todavía sonreía el maldito. Sus ojos despedían súplica, pero a él nada le importaba eso y ella moriría odiando.

2 comentarios:

  1. Sabes Laura, se de muchas mujeres que se abandonaron una y muchas otras veces, creyendo que a su maltratador nadie le había enseñado a amar. ERROR, a amar se aprende amando, el amor está dentro de cada cual. ¿Quién enseña a amar a los animales? O alguien puede dudar que amen?. Ojala ninguna mujer maltratada, humillada, sea capaz de erguirse en la primera vez, sin detenerse a entender el por qué.

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  2. Si, cierto, pero también es necesario el contacto con el otro (animal o persona) para ello. Y si a amar se aprende amando precisamente. Un abrazo corazón, me gustan mucho tus comentarios :-)

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